lunes, 24 de abril de 2017

«Fijar una edad para aprender a leer es frustrar a niños»


Amalia Gordóvil, psicoterapeuta infantil, aboga por respetar la velocidad de los niños


Fijar una edad para aprender a leer es frustrar a los niños porque hay que esperar a la maduración cerebral de los menores, según la psicoterapeuta infantil y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Amalia Gordóvil.
Con motivo de la celebración el próximo 23 de abril del Día Internacional del Libro, Gordóvil ha explicado que en la enseñanza formal de la lectura hay dos posicionamientos diferenciados, el de los partidarios de aprender a leer a partir de los tres años y el de los defensores que se haga a partir de los seis.
Para Gordóvil, lo más adecuado es encontrar el punto de equilibrio entre ambos: «Hay que estimular la curiosidad de los niños al principio con actividades relacionadas con la lectura, como que el maestro o los padres les lean cuentos, hablar sobre algún texto conjuntamente..., y, a partir de ahí, ir introduciendo aprendizajes más complejos, valorando en todo momento el desarrollo individual de cada niño».

Según la experta, «el aprendizaje de la lectura no se hace espontáneamente como ocurre en el lenguaje oral, en el que otras personas sirven de modelo y los niños actúan por imitación».
«Leer requiere una enseñanza con unas prácticas educativas concretas. Hay que cumplir unos requisitos previos vinculados a la maduración neurológica que se correlacionan positivamente con la edad. Cuanto mayor es el niño, más maduración hay», ha señalado Gordóvil. Estos requisitos son importantes dado que la lectura implica la puesta en marcha de diversos sistemas, como el motor y el sensorial, y la activación de áreas cerebrales vinculadas a las funciones de lenguaje, memoria y atención.
«Hay niños, sin embargo, que a la edad de cinco o seis años no están preparados para iniciarse en la lectura y esto no debe representar ningún problema», ha subrayado Gordóvil, que insiste en que hay que respetar su velocidad de «maduración neurobiológica».
«Establecer que todos los niños de seis años deben saber leer es contribuir a la frustración y desinterés de los que tienen un ritmo de desarrollo diferente. Hay padres y niños que llegan a la consulta del psicopedagogo estresados y alarmados porque su hijo de cinco años no lee correctamente», ha revelado la psicoterapeuta.
La experta ha alertado sobre las escuelas que buscan la excelencia entre los pequeños y lanzan mensajes prometedores garantizando que los niños acabarán la etapa de preescolar sabiendo leer perfectamente. «Esto atrae a muchos padres, pero hay que recordar que la forma natural que los niños tienen que aprender es jugando, y que ésta debe ser la prioridad en estas edades; no se debe forzar una maquinaria que todavía no está a punto», ha avisado la profesora.

viernes, 21 de abril de 2017

España es el tercer país de la UE con más pobreza infantil

En la UE, sólo Rumanía y Grecia tienen una mayor tasa de pobreza infantil

España tiene una de las tasas más altas de pobreza infantil de la UE y es el tercer país, por detrás de Rumanía y Grecia, tanto en pobreza relativa como en "anclada", que alcanza a casi el 40 % de los niños, con un aumento de nueve puntos porcentuales entre 2008 y 2014.
Así se pone de manifiesto en un informe de Unicef difundido este jueves que estudia la pobreza infantil en los países ricos y cómo han influido la crisis económica y la austeridad, del que la organización internacional informa en un comunicado.
Con el indicador de pobreza "anclada" se evalúa hasta qué punto el bienestar de una población mejora o empeora en términos reales a medio y largo plazo, ya que se fija la línea de pobreza en un año concreto (en este caso 2008) para estudiar cómo ha evolucionado el indicador.
En el caso de España, Unicef señala que la pobreza "anclada" habría alcanzado en España a casi el 40% de la población infantil, con un aumento de nueve puntos porcentuales entre 2008 y 2014.

Hogares con menos de 700€ al mes

Destaca asimismo la elevada pobreza "severa" entre los niños y el crecimiento de la inequidad, ya que aunque la pobreza infantil ha aumentado de manera notable en general, ha crecido especialmente -un 56 %- en los hogares con niños más pobres, es decir, aquellos en los que viven cuatro personas (2 adultos y 2 niños) con menos de 700 euros al mes u 8.400 euros al año.
España es además el tercer país, junto con Letonia y Chipre, en el que más ha aumentado la diferencia entre la protección social a los mayores de 65 años y la que se proporciona a los niños, porque durante la crisis se ha protegido de manera mucho más eficaz a los ancianos que a los más pequeños.
Unicef cita datos de la Contabilidad Nacional Anual de España para apuntar que la inversión en protección social en familias e infancia se redujo en 11.500 millones de euros entre 2009 y 2015.
También asegura Unicef que los hogares con niños, las familias numerosas, las monoparentales y los adolescentes han sufrido de forma especial el impacto de la pobreza.
Respecto a las políticas de respuesta a la crisis en España, la organización internacional llama la atención sobre "la poca capacidad que han tenido para atajar la pobreza infantil".
"El conjunto de las políticas de protección social está muy fragmentado, poco orientado a los niños y resulta poco equitativo", subraya Unicef en el comunicado, y argumenta que esto se debe, entre otras causas, a que está muy ligado a ayudas relacionadas con las contribuciones a la Seguridad Social y a que muchas de las ayudas familiares son en forma de desgravaciones fiscales, de las que no se benefician los hogares con menos recursos.

Más pobres en los países ricos

Para mejorar la "escasa protección social a la infancia" en España, propone poner en marcha una prestación por hijo a cargo "mucho más generosa" y que llegase a un colectivo más amplio, incluso universal, tal y como viene reclamando el Comité Español de Unicef desde el año 2014.
Según este primer estudio internacional de los efectos de la crisis en los niños, la pobreza infantil aumentó en la mayoría de países ricos entre 2008 y 2014. Constata el estudio que la crisis económica y la consecuente austeridad han golpeado de manera especialmente fuerte a los niños hasta el punto de que, entre 2008 y 2014, la pobreza infantil aumentó en dos tercios de los países europeos.
El incremento fue de más de 15 puntos porcentuales en Chipre, Islandia y Grecia, y de entre 7 y 9 puntos en Hungría, Italia, Irlanda y España. Ni un solo país europeo aumentó la media de gasto en prestaciones para las familias, e incluso dos tercios redujeron el gasto per cápita, mientras que las prestaciones a las pensiones subieron de manera generalizada entre 2010 y 2013. EFE



martes, 18 de abril de 2017

Los 10 mandamientos que deben seguir los padres durante los partidos de sus hijos


Consejos de la Fundación Anar para transmitir valores positivos a través del deporte
Todos los fines semana, miles de niños y niñas de toda España participan en competiciones deportivas. En muchas ocasiones, estos torneos son escenario de peleas entre padres, progenitores que ejercen de entrenadores, que insultan a entrenadores y jugadores del equipo rival, familiares que exigen que sus hijos e hijas jueguen más… Ante estos comportamientos, la Fundación ANAR quiere dar unos consejos educativos a los padres y madres en el ámbito deportivo.

«Los padres y madres sois un ejemplo constante para vuestros hijos/as. A través del deporte, les enseñáis valores como el respeto, la solidaridad, el esfuerzo, las relaciones sociales, el trabajo en equipo, el espíritu deportivo… Por eso, queremos ayudaros a identificar qué comportamientos son los más adecuados para enseñar a vuestros hijos a disfrutar del deporte», apuntan desde esta organización:
1. El deporte es salud
El deporte sirve para mejorar nuestra calidad de vida y debe acompañarnos durante toda nuestra vida. Por tanto, es importante saber aprovechar sus beneficios y no permitir que sea fuente de conflictos, ansiedad, estrés… y mucho menos, violencia.
2. Aprende y enseña a resolver conflictos de forma positiva
En las competiciones deportivas es habitual que la rivalidad genere conflictos. Es importante que los padres y madres sepáis resolver esos conflictos de forma positiva y no violenta. De esta manera, podréis transmitir a vuestros hijos/as una forma sana de resolver situaciones complejas utilizando otras habilidades como el diálogo, ponerse en el lugar del otro, ser tolerante, aprender a negociar…
3. Para vivir en sociedad, hay que respetar la autoridad
Como adulto, es importante que respetes a las figuras que representan la autoridad para tus hijos/as (entrenadores, árbitros, profesores…). Estas personas, para llegar a desempeñar ese papel, han tenido que pasar por un proceso de aprendizaje, lo cual debe ser tenido en cuenta y respetado. Por otro lado, si cuestionas estos tipos de autoridad, tus hijos perderán referencias importantes en su aprendizaje.
4. El deporte también nos ayuda a relacionarnos socialmente
El deporte en equipo tiene un componente socializador. Debemos enseñarles a trabajar en equipo y la importancia que esto tiene para, entre todos, alcanzar un fin. Para que de esa competición puedan salir reforzados, tienen que ser solidarios, respetar al rival y, sobre todo, aprender a esforzarse y superarse a sí mismos aprendiendo a controlar la frustración natural que genera que las cosas no salgan como uno había previsto.
Es fundamental enseñarles que cuando un rival es bueno, nos puede enseñar a superarnos. Podemos aprender de un rival lo que hay que mejorar, sin sentirse inferior. Por tanto un buen rival nos da la oportunidad de aprender sanamente.
5. El deporte ayuda a canalizar positivamente las emociones
El deporte permite, en muchas ocasiones, una catarsis individual y/o colectiva (canalización de la tensión para liberarla). A través del esfuerzo físico nuestras tensiones se liberan, lo que es una forma positiva de canalizar nuestras emociones. Por tanto, es muy importante que esta liberación se haga de forma adecuada. Es decir, a través de la risa y el divertimento y no desde la agresividad y la violencia.
6. Eres ejemplo para tus hijos/as
El ejemplo es una de las formas más efectivas de enseñar a vuestros hijos/as. Ellos a veces hacen lo que les decimos pero casi siempre, lo que hacemos. Los hijos/as aprenden por imitación de los padres y madres. Por eso, es importante que cuides tu comportamiento en escenarios en los que hay una competición deportiva y te expreses de forma respetuosa.
7. A través del deporte se aprende el valor del esfuerzo
El escenario deportivo es una buena oportunidad para enseñar a vuestros hijos/as el valor del esfuerzo. Enseñadles que cuando las personas nos esforzamos para conseguir una meta que no llega, lejos de frustrarnos hemos de tratar de superarnos a nosotros mismos, siendo constantes en nuestro esfuerzo. Hay que tener cuidado en que la presión no sea excesiva porque producirá tensión y ansiedad que perjudicará su rendimiento.
8. Acompaña a tu hijo/a, no le controles
La sobreprotección es una forma de maltrato que impide crecer a los hijos/as. Aunque los padres pensemos que sabemos mucho de cuestiones deportivas, ellos/as tienen que aprender de sus fallos, conductas, sentimientos… y aunque vuestra influencia es importante, no vais a poder evitar que sufran. Sin embargo, este aprendizaje es necesario para su vida futura. Lo que ellos necesitan es saber que estaréis ahí pase lo que pase y que podrán contar con vosotros siempre que os necesiten.
9. El juego tiene que ser diversión, no competitividad
Algunos padres y madres exigen tanto a sus hijos/as que impiden que éstos puedan disfrutar en el deporte. No pasa nada por no ser el mejor, pero sí pasa, si tu exigencia sobre tu hijo/a es tan grande que no se divierte jugando. El juego es un derecho fundamental para cualquier niño y debemos respetarlo como tal.
10. Se aprende más a través de la motivación que de la crítica
Tus hijos/as van a aprender de forma positiva para ellos si les refuerzas sus logros y les motivas para que se superen a sí mismos. Exigirles, compararles con otros compañeros/as y menospreciarles por no cumplir tus expectativas, genera frustración y baja autoestima. Lo mismo ocurre cuando criticas públicamente a otros compañeros porque les enseñas a menospreciar a otras personas en público y a mofarse de ellas.

miércoles, 5 de abril de 2017

«Hay que explicar a los niños que contar con 800 seguidores en redes sociales no es tener 800 amigos»

Más de 1.300 padres analógicos resuelven dudas sobre el uso de las tecnologías que hacen sus hijos digitales


El acceso cada vez más temprano de los niños a las nuevas tecnologías suscita numerosos interrogantes en unos padres que, en muchos casos, se sienten «fuera de juego»: ¿qué aplicaciones utilizan mis hijos?, ¿pueden correr riesgos?, ¿es posible que la tecnología impulse el talento de mi hijo?, ¿está enganchado a las redes sociales?, ¿a partir de qué edad debe tener un móvil?, ¿cómo puede tener un acceso seguro a internet?...
Dar respuesta a estas y otras muchas dudas fue el eje principal del 38 Congreso de Fepace (Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de los colegios de Fomento de Centros de Enseñanza), organizado bajo el título «Padres analógicos, hijos digitales», y en el que ABC participó como empresa colaboradora, entre otras. Un encuentro celebrado en A Coruña y al que asistieron 1.300 padres de los 35 colegios que Fomento tiene en toda España.

A solas con Siri

En la conferencia inaugural «A solas con Siri», Gustavo Entrala, experto en estrategia digital y conocido por incorporar al Vaticano a la red social Twitter, advirtió que «las aplicaciones están diseñadas para enganchar a los usuarios» y los niños son carne de cañón. «Hay que tener mucho cuidado porque en internet se produce un intercambio muy veloz de mensajes que condicionan los valores que integran los menores. La tecnología mediatiza», aseguró. Por este motivo, invitó a los padres a aprender a controlar la tecnología, «para que no sea ella la que nos controle a nosotros».
En la misma línea se manifestó Charo Sábada, experta en el uso de internet, quien insistió en que los padres deben formarse en las posibilidades de estas nuevas herramientas «porque si los hijos tienen alguna duda acudirán a sus amigos y puede que no sean el mejor referente». También hizo referencia a la necesidad de «escucharles para poder "hacer equipo" con ellos y concienciarles de que el uso de este tipo de dispositivos genera responsabilidades, igual que lo exige, por ejemplo, conducir un coche».

El valor de la amistad

Otro de los asuntos que destacó Charo Sábada fue que los padres deben centrar su atención en explicar a los hijos el valor de la amistad. «No deben pensar que por tener 800 seguidores en Facebook tienen 800 amigos. Hay que transmitirles que la amistad es afectividad y requiere tiempo, discusiones, reconciliaciones... Las redes sociales no constituyen la herramienta de la amistad, sí del contacto». Por todo ello, en su intervención recomendó a los asistentes que hagan un esfuerzo e inviten a algunos amigos de sus hijos a comer a casa para fomentar el valor del contacto directo, de las conversaciones en las que se observan los gestos, se miran a los ojos, etc».
De lo contrario, según apuntó durante el segundo día del congreso de Fepace Sonsoles Vidal, especialista en jurisdicción de menores, «los niños se aíslan y convierten sus habitaciones en repúblicas independientes porque tienden a conectarse con sus móviles e, incluso, a hacer botellón electrónico. En sus cuartos se sienten libres porque papá y mamá no controlan lo que están haciendo. Hay que ganarse su confianza para que nos cuenten qué están viendo, porqué les gusta, etc. –insiste Sonsoles Vidal–. Si los padres miramos para otro lado y permitimos que se aíslen tendrán problemas muy serios y cuando tratemos de solucionarlos o quitarles su acceso a las redes se puede llegar a producir casos de violencia filio parental».
https://twitter.com/FomentoEdu/status/849262501560758272

Conocer qué hacen

En este sentido, María Zabalacreadora de iWomanish, explicó en su ponencia que, como suele ser muy habitual, los padres no solo deben preocuparse del tiempo que están los niños conectados a internet, sino de lo que están haciendo y cómo mientras están delante de las pantallas. «No es lo mismo el que está una hora creando un videojuego que el que solo consume 15 minutos pero está visualizando páginas de violencia o contenido sexual. Los padres –matizó– debemos asumir que somos agentes de cambio para reconducirles en un buen uso de estas herramientas. Y en ese acompañamiento en las nuevas tecnologías debemos analizar cómo es nuestro hijo: si es más tímido, si es creativo... para ayudarle a sacar provecho de la utilización de las pantallas. Pero, sobre todo, matizó, hay que inculcar en ellos hábitos para que sepan desconectar».
Tras más de ocho ponencias dirigidas por expertos en redes sociales y educación, la clausura del congreso corrió a cargo de Álvaro González-Alorda, profesor del Instituto de Empresa y CEO de Emergap, quien recordó en una emotiva exposición el poder de una conversación cara a cara frente a la comunicación que generan las nuevas tecnologías a través de las pantallas. «No hay que dejar nunca una conversación pendiente», concluyó.


El Colegio San José Obrero trabaja la autoestima

La Federación por la Vida y la Familia Vega Baja junto a la ONG Recicla-Alicante volvieron a realizar el pasado 24 de marzo una charla en la Fundación Diocesana San José Obrero. 
Sofía Cerezo, responsable del Departamento de Psicología, habló a los chavales de 1º y 2º de la ESO con motivo de la celebración del Día de la Vida. 
Durante más de una hora se trabajó la autoestima. Conocieron la importancia de saber cómo somos y  valorarnos para poder caminar por la vida de una manera saludable. 
Algo tan importante como tomar conciencia de la imagen que tenemos de nosotros mismos. Identificar nuestras características más positivas. No avergonzarse de nuestros aspectos más negativos y valorar nuestras acciones y las de los demás de la forma más adecuada. Toda una lección que les sirvió para estar más seguros de sí mismos.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Javier Urra: «Sí, es posible conseguir que los hijos sean obedientes»

El doctor en Psicología apunta que los padres no pueden mostrarse pasivos y pensar que su hijo «ya cambiará»



Javier Urra ha publicado recientemente su último libro «Primeros auxilios emocionales para niños y adolescentes». Asegura que sus páginas muestran una realidad muy práctica de lo que necesitan saber los padres para educar a sus hijos. «El libro puede ser criticado, pero lo que no puedo aceptar es que se diga que los niños vienen sin una guía para padres. Lo he escrito porque he estado muchos años en la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia, he sido defensor del menor y he trabajado con padres e hijos. En todo este tiempo me he dado cuenta de que pediatras, psicólogos, psiquiatras... solemos decir lo que hay que hacer a los padres, pero siempre de forma genérica. Ahora no hay excusas de no saber educar porque es un libro muy práctico».
—¿Por qué hoy hacen falta guías si las generaciones de padres de antes no las necesitaron?
Hace años los niños se morían de polio, de tuberculosis, de problemas respiratorios... Eran los asuntos que preocupaban, mientras que los temas emocionales no se estudiaban ni se tenían en cuenta. Cuando los problemas físicos desaparecen en gran medida y aumenta la esperanza de vida, nos percatamos de que el 20% de los niños tienen problemas psicopatológicos; es decir, uno de cada cinco menores de 18 años. Se habla mucho de TDAH, pero a las consultas llegan niños obsesivos compulsivos, con problemas de trastornos de personalidad, que agreden a sus padres, con pensamientos psicóticos...
—¿Cuál es el motivo principal de estos problemas psicopatológicos?
Se ha acortado el tiempo de la infancia. Hay niños de 13 años que toman cinco copas en una hora y tienen comas etílicos —el año pasado 5.000 casos—. Vivimos en una sociedad estresante y eso a los niños les afecta mucho: sufren separaciones mal llevadas sus progenitores, están sobrecargados de tareas extraescolares, no tienen tiempo para jugar...
Antes educaban los padres, ahora los padres, la escuela, los medios de comunicación y las redes sociales. Las nuevas tecnologías influyen en ellos porque les permiten acceder a páginas que fomentan la anorexia, la violencia, el sexo sin límites... Y quieren emularlo. Sin embargo, les crea un vacío existencial. Yo he preguntado a jóvenes «¿te merece la pena vivir?», y me miraban sin saber qué responder muy bien. Si no les importa su vida, qué les va a importar la de los demás. En sus vidas falta que aprendan lo que significa el «tú», el ponerse en el lugar del otro. Hay que ayudarles a ponerse en el lugar del otro y descubran realidades distintas a las suyas. Los padres, por ejemplo, deberían llevarles a un hospital y mostrarles que allí hay niños ingresados niños, menores que van a morir, para que se den cuenta de lo que tienen en la vida y lo afortunados que son.
—¿No se les protege demasiado como para mostrarles esa dura realidad?
Los niños no conocen la muerte, el sufrimiento. Creen que el abuelito «se ha dormido». La vida hay que mostrarla como es. Hay que llevarles a ver al abuelo con demencia que dice cosas sin sentido, que huele mal por su incontinencia, pero que quiere a su nieto y al que hay que querer. Que le de un beso. Es la verdadera vacuna para convertirle en un ser sensible, afectivo, cariñoso. No hay que ocultarle que la vida es un conflicto –para vivir en pareja, con uno mismo, con los hijos, con el compañero de trabajo...–. Si se le ofrece este tipo de educación, los problemas de psicopatía, de insensibilidad, de falta de empatía desaparecerán.
—¿Se trata correctamente a los niños que sufren depresión?
No exactamente. En el 60% de casos no se tratan. La depresión cursa en los niños de manera sorpresiva para los adultos. Normalmente, cuando una persona se deprime no tiene fuerza, esta triste, se levanta tarde... Pero un niño depresivo puede confundirse con un niño ansioso, nervioso, que corre. Los padres no saben identificarlo. El adulto sabe que las cosas van mal pero que mañana será otro día, relativiza, sabe que hay herramientas para mejorar su situación. El niño, sin embargo, se suicida para mejorar las cosas, teóricamente.
—¿Qué se puede hacer para reducir esta cifra? ¿De quién depende: de la familia, de la sociedad...?
Fundamentalmente de la sociedad. Hay que entender que hay cosas que están bien y otras mal, que hay gente corrupta, sin moral... Hay que ser moral, enseñar a los niños los dilemas. Plantearle a los adolescentes, por ejemplo, las dificultades de un embarazo no deseado, preguntarles qué harían si tuvieran un bebé con un Síndrome de Down...
—¿Hace falta que los padres hablen más con sus hijos?
Los padres hablan más actualmente con los hijos que los de las generaciones anteriores. Hay que fomentar aún más esa conversación y decir a los hijos que nosotros fuimos adolescente y tuvimos problemas, pero también responsabilidades. La familia no es una democracia. Es un lugar donde mandan los adultos que son los encargados de transmitir los valores transcendentes de la vida. Hay muchas formas de hacerlo. ¿Como? Con pequeños gestos cada día. Ejemplos: dándole el fin de semana cuatro euros y sugerirle si quiere dar una parte del dinero a los más necesitados –porque aunque no lo haga, ya se le ha creado la disyuntiva de pensar en la solidaridad–;haciendo que dé un beso a la abuela demente a la que se le cae la baba... para que sea consciente del cuidado a los mayores...
—Pero no siempre obedecen a lo que les dicen los padres. ¿Ha habido una pérdida de autoridad?
La autoridad se ha diluido en general, no solo la de los padres. La misma Policía está preocupada porque los jóvenes les insultan por la calle, sin motivo alguno. ¡Y ellos son la autoridad! O jueces que le dicen a un joven que tiene que ir a un internado y le contesta «¿por qué, porque lo digas tú?». Ha habido una dejación porque incluso muchos docentes han querido establecer una relación cercana a sus alumnos, como si fueran amigos, y no lo son. Es un error. Y en la familia pasa igual, pero no hay que perder los roles. Uno es el padre y otro el hijo.
—¿Cómo se puede cambiar esta situación?
Habrá que enseñarles a mirar cómo trato yo a los abuelos, que aprecien el respeto, que no les grito... Los niños se rigen por lo que ven que hacen sus padres y la mayoría de la gente es sana. Deben darse cuenta, además, que las normas las ponemos nosotros, y que si no les gusta, se siente. El mundo es un juego de poder y en ese equilibrio deben aprender. Tienen que ver que ellos no pueden imponerse y que si no obedecen deben irse castigados a su habitación, aunque se enfaden. Los choques, chulerías o empujoncitos no se pueden consentir de ninguna manera ni aunque sean pequeños porque después tendrá 26 años y el empujón será peligroso. Si no se cortan este tipo de situaciones, el niño se acostumbra a repetir este tipo de actos y a no obedecer. No puede ser, debe obedecer a la primera. Y si se le castiga, que lo cumpla siempre. Hay que hacerles saber que se le educa así por que se le quiere y porque son las reglas de una convivencia feliz.
—Entonces, ¿es posible cambiar a los hijos para que sean obedientes?
Sí, se puede. Los padres deben invertir en educación sobre todo en los primeros años porque posteriormente los problemas se hacen más difíciles y los hábitos se instauran de forma que resulta cada vez más complicado cambiar. Si no saben muy bien cómo hacerlo en algún momento, los padres deben hablar con los abuelos o, en su caso, con los especialistas, pero que no piensen «ya cambiará».

martes, 14 de marzo de 2017

«Bastan diez minutos para que los niños adquieran el hábito de la lectura» Cristina Puig, cofundadora de la plataforma de lectura Boolino, sostiene que los niños tienen que encontrar el libro adecuado


Cristina Puig es la cofundadora de la plataforma Boolino. Esta licenciada en Dirección y Administración de Empresas por la Universidad Ramón Llull de Barcelona es una fanática de los libros y por ello quiso emprender este proyecto de fomento de la lectura en niños. Boolino ayuda a los padres a encontrar el libro más adecuado para sus hijos. En el próximo Congreso Internacional de Comprensión Lectora Infantil y Primaria explicará cómo cambiar la vida de los niños con 10 minutos de lectura al día.
¿Leen poco los niños de ahora?
Sí, leen poco, pero hay que preguntarse el porqué. Hasta la etapa de primaria a todos los niños les encantan los libros y les encanta mirar ilustraciones, reconocer palabras... hasta que aprenden a leer. En general, si encuentran el libro que les atrape, leen mucho. El problema es que muchas veces no lo encuentran, ahí esta el problema. Muchos niños no leen porque no han encontrado le libro adecuado y porque parece que leer es una obligación. Creo que, aunque todo los informes reflejan que no está implantado el hábito, a los niños españoles les falta poco para leer mucho. Con poquito de esfuerzo por parte de padres, educadores, etc... los pequeños leen.
Pero leer es un esfuerzo para los más pequeños.
Efectivamente, leer cuesta mucho, es un esfuerzo, pero en el momento que los pequeños encuentren el libro que les atrape, les costará un poco menos. Hay niños que enseguida leen libros de narrativa y pronto se enganchan y hay otros que les cuesta más... no tienen que ser disléxicos, ni tener ningún problema, simplemente les cuesta más. Estos deben empezar con libros de conocimientos que tiene texto corto, con cómics...
Postulas que el ejemplo es importante. Que si el niño ve leer a sus padres, leerá, pero no es siempre así.
A la generación de los que somos padres ahora no nos han leído nunca. Cuando eramos niños no había tanta oferta de bibliotecas, de títulos... y somos muy lectores. También es verdad que no había muchas más cosas, no había distracciones, no teníamos casi tele, ni canales. Tampoco había tablets... En realidad se dice lo del ejemplo para que los niños vean que, para el adulto cercano, leer no es una obligación. Cuando en el colegio te obligan a leer algo y no les gusta, ahí deben entrar los padres. Es su trabajo hacerlo divertido, leer con ellos o a la vez que ellos, esa es la manera de predicar con ejemplo... y basta con diez minutos al día.
¿Con diez minutos se puede lograr el hábito?
Claro, los pequeñines empiezan con diez minutos, no pueden atender más tiempo. Leer requiere atención, pero luego ese tiempo va fluctuando: una temporada leen 15 minutos, vuelven a los 10, después 20 minutos... Luego ya lo hacen ellos. Son etapas, a todos les pasa.
¿El lector nace o se hace?
Las dos cosas. A todos los niños hasta los seis años les encantan los libros. Si dejas en suelo cojines y libros, al minuto tienes el suelo lleno de niños mirándolos. Los niño nacen con mucha curiosidad y los libros son un elemento que nutre esa curiosidad. Luego ya el lector se va haciendo, porque si no se fomenta que lean, no se tiene ni un libro en casa, pues al final le parecerá un objeto de decoración y el niño no sentirá la necesidad de leer.
Sin embargo, hay niños que con todo en contra que sí que buscan leer.
En la actualidad el entorno se esfuerza mucho para que lean libros y los padres se han sumado al carro y se han dado cuenta de que no pueden darle toda la responsabilidad a los profesores de que su hijos lean o no. Los profesores enseñan a leer pero el hábito se va a adquirir en casa, con los libros que ellos mismos eligen y que les apetezca leer.
En cualquier caso, en la actualidad, la oferta de literatura infantil y juvenil es enorme...
Es increíble. Desde Boolino lo vemos todo, porque es una plataforma de fomento de la lectura. Es espectacular la oferta, hay tantas cosas y tantas que van a quedar invisibles para la gente, que da una pena... ves libros que son buenísimos y no acaban de tener el alcance que deberían tener. Por ello siempre va a haber un libro para un niño. Porque al que no le gusta el cómic, le gustan los de aventuras, o si no el de narrativa...
¿Y si un niño no se quiere acabar un libro? ¿Qué se le dice?
Hay que dejarles. Si no se lo quieren acabar es por una razón. El enlace de las personas con los libros es muy emocional. A veces dejarlo a medias no significa que no les guste, también puede ser por lo contrario: les está gustando tanto que no quieren que se acabe. El vínculo es tan íntimo, que si el niño no quiere finalizar el libro, pues que no se los acabe, ya encontrará algo que le guste o retomará esa historia en un futuro.

¿Qué es Boolino?

Boolino es una plataforma de fomento de la lectura. El bookadvisor de la literatura infantil y juvenil. Boolino ayuda a los padres a encontrar el libro más adecuado para sus hijos.
Desde esta plataforma desarrollan programas de fomento de la lectura colaborando con bibliotecas, colegios, logopedas y expertos en animación lectora. Boolino crea herramientas de lectura para familias y escuelas que involucran a niños y mejoran significativamente los hábitos de lectura y habilidades. Se propone convertirse en la referencia en línea en la lectura de niños, tanto para padres como para educadores.