viernes, 21 de julio de 2017

El cacao, un alimento que mejora el rendimiento de los niños

Junto con la leche debe formar parte de los desayunos de los pequeños


Casi todos los niños del mundo ya lo intuían: El cacao, un alimento tan rico, no podía ser malo. De hecho, según los últimos estudios del Observatorio del Cacao, es un aliado para el cerebro de los más pequeños de la casa, y así lo corrobora el doctor Ramón Estruch, consultor senior de Medicina Interna del Hospital Clinic y presidente del Comité Científico del Observatorio del Cacao, que afirma que «el cacao es un alimento muy completo. Es una fuente de polifenoles que es una sustancia que producen los vegetales para protegerse de las agresiones externas. Cuando las ingerimos, nos protegen de enfermedades cardiovasculares e, incluso, del cáncer».
«En el caso de los niños, —prosigue este facultativo— se ha demostrado que su ingesta regular mejora el rendimiento cognitivo y ayuda a la concentración, sin que la teobromina, que es un estimulante propio de este planta, les afecte, ya que la concentración es mínima, concretamente una taza de leche con cacao aporta 6 mg de cafeína frente a los 40-50 mg de una taza de café».
Por otra parte, —continúa Estruch—, contiene flavanoles, que dilatan las arterias y favorecen la circulación de la sangre aumentando el flujo sanguíneo cerebral y, por tanto, mejorando la memoria inmediata, la atención y la agilidad mental».
En cuanto a la manera de ingerir este alimento, tanto el doctor Estruch como el doctor VenancioMartínez, presidente de la Sociedad de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP), coinciden en que acompañarlo de leche es lo mejor, pues a la vez se aumenta la ingesta de calcio, tan necesaria para los pequeños y que debería ser de tres raciones diarias. «El mejor modo de aprovechar estas propiedades antioxidantes del cacao es tomándolo en forma soluble, disuelto en leche o agua. Y, siempre que mantenga intacto su contenido en polifenoles, sin haber sido sometido a procesos químicos. De hecho, un estudio elaborado por la Universidad de Barcelona mostró que el cacao soluble aportaba el 50% de la cantidad de antioxidantes recomendada en niños».
El doctor Martínez hace especial hincapié en la necesidad de que la primera ingesta del día se haga bien: «El desayuno es la comida más importante y la que nuestros niños realizan de forma más deficiente. Dependiendo de la edad, un niño debe consumir entre dos y cuatro raciones de leche o derivados lácteos al día y una gran mayoría prefiere tomar la leche líquida con el sabor del cacao».
Añade que «la leche es un alimento de primera calidad. Aporta una gran cantidad de nutrientes, a veces deficitarios en la dieta del niño, y en cantidades adecuadas. Ayuda a asegurar un buen estado de hidratación, es barata y fácilmente disponible para todas las familias. El cacao natural es su complemento ideal». También señala que lo mejor «es una ración de cereales, una fruta o un zumo en el desayuno o la merienda junto con un vaso de leche con cacao, sin olvidar las verduras y frutas en las otras comidas».


martes, 18 de julio de 2017

Todo lo que hay que saber sobre la otitis de las piscinas

Son tiempos de vacaciones, pero también de ciertas amenazas




Las altas temperaturas han aparecido antes incluso que la llegada oficial del verano. Son tiempos de vacaciones, pero también de ciertas amenazas. Los oídos se exponen a agentes agresivos. Los baños, por ejemplo, aumentan la posibilidad de sufrir lesiones auditivas como la otitis. Otras prácticas como el surf, el windsurf o el submarinismo también pueden afectar a los oídos. La Fundación Oír es Clave quiere llamar la atención sobre la importancia de tomar precauciones con el objetivo de salvaguardar la salud auditiva.
El mayor problema del verano es la otitis externa difusa, también conocida como la otitis de las piscinas. Es una lesión que afecta por igual a niños que a mayores. Javier Cervera, Jefe de Servicio de Otorrinolaringología Pediátrica en Hospital Universitario Niño Jesús de Madrid, colaborador de la fundación, explica cómo debemos actuar: «El mayor peligro es que el agua en la que se bañen esté infectada. Si el agua está limpia y el oído del niño está normal, el oído se puede mojar tranquilamente. No hay que tener pánico al agua. El problema sucede cuando al niño le pica el oído, se rasca y se causa pequeñas heridas. Si el agua está contaminada es cuando se puede producir la otitis externa».
Aclara el doctor Cervera cuáles son los síntomas: «Es un dolor muy intenso. Cuando se inflama el conducto auditivo externo, se produce un dolor que no se alivia prácticamente con nada. Si el oído está muy inflamado y el conducto auditivo externo se llega a cerrar podría producirse pérdida de audición. Esa es la diferencia existente entre la otitis media catarral aguda y la otitis externa. En la otitis externa, si el oído no se ha cerrado no hay pérdida de audición. En la otitis media sí hay pérdida de audición porque afecta al oído medio».

Cervera desmonta algunos tópicos sobre la otitis externa. Por ejemplo, «si el oído es completamente sano, que es lo habitual, el oído se puede mojar con total tranquilidad, incluso en aguas contaminadas». El problema viene cuando existe un eczema de la piel del conducto auditivo externo. El picor provoca que el paciente se rasque. Por ahí entran los gérmenes. Pero contrariamente a lo que se piensa, el tapón no es una solución: «Si existe eczema, lo que se tiene que hacer es tratarlo para que se cure. En todo caso, ponerse unos tapones de algodón con vaselina, material que no permite que entre el agua. Pero no hay que bucear. El mejor tapón no evita la entrada de agua si hay un aumento de presión durante la inmersión». Los niños con drenajes transtimpánicos se pueden bañar sin ningún tipo de problemas, pero con prevención: deben llevar tapón y una banda de neopreno alrededor de la cabeza.
¿Y cómo se trata la otitis de las piscinas? Lo primero es acudir al profesional. «El pediatra es quien en primera instancia explora y valora el oído y si debe derivarse al otorrino. El paciente no debe automedicarse. Ante un síntoma de dolor y de irritación del oído externo lo primero que debe hacerse es evitar seguir mojándose el oído», afirma el doctor Cervera. El tratamiento, prescrito por el especialista, se basa en gotas óticas, con antibiótico y corticoides.
Otro consejo más, este para los mayores. Si se va a practicar buceo de alta presión hay que chequearse. No debe practicarse con catarro. Hay que asegurarse que no se padece tubaritis, porque «si no está equilibrada presión de la trompa hay riesgo de accidente importante». Existen otras amenazas para la salud auditiva, como la exposición al ruido de conciertos, petardos y fuegos artificiales o el abuso en el volumen de los auriculares, especialmente entre los jóvenes.
DIEZ CONSEJOS PARA CUIDAR LOS OÍDOS EN VERANO
1. Prestar especial atención a la higiene de los oídos.
2. No utilizar bastoncillos ni introducir otros objetos para limpiar el conducto auditivo.
3. Evitar la humedad en el conducto auditivo.
4. No viajar en coche con las ventanillas bajadas.
5. Entrar lentamente en el agua.
6. No bañarse ni practicar submarinismo en caso de sospecha de otitis o cuando se tienen molestias en los oídos.
7. Limitar el tiempo de uso y el volumen de tus auriculares y dispositivos electrónicos.
8. Alejarse de las fuentes de ruidos intensos.
9. Colocarse protectores – tapones o moldes- si se está expuesto a ruidos fuertes.
10. Mascar chicle o un caramelo durante despegue y aterrizaje de los viajes en avión.

lunes, 3 de julio de 2017

Los padres españoles están muy insatisfechos con el tiempo que dedican a sus hijos

Un estudio de la Comisión Nacional para la Racionalización de Horarios confirma que es necesario un cambio para mejorar la vida familiar



¿Cuanto tiempo pasan los padres españoles con sus hijos? ¿Es suficiente? Si no es bastante, ¿qué se puede hacer para cambiar esta tendencia? para contestar estas preguntas ARHOE-Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles ha presentado públicamente el primer número de InformaArhoe, una serie de monográficos y estudios basados en encuestas de percepción sobre el estado de la racionalización de horarios, la productividad, la conciliación y la corresponsabilidad en nuestro país.
En este primer número titulado «¿Cuánto tiempo se dedica en España a los hijos?» (y desarrollado en el marco del programa «¿Cuánto tiempo tienes para mí?» subvencionado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad —convocatoria IRPF 2016), más de mil personas han contestado a una encuesta que proporciona pistas sobre el statu quo relativo al uso y tiempo que dedican las familias al cuidado de sus hijos.
Entre las datos más demoledores destaca el de que los progenitores españoles están muy descontentos con la cantidad de tiempo que les dedican a sus hijos. Es interesante ver como los hombres, en general, manifiestan en mayor medida que el tiempo que ellos les dedican es menos del necesario.
Tras constatar el poco tiempo que pasan con los niños, la mayoría de los encuestados describían sus sentimientos como negativos. Expresaban su sentir con palabras tales como cansado, agobiado, frustrado, culpable, estresado, atrapado, triste, mal, insatisfecho, impotente, desbordado, agotado, desolado, indignado, saturado, etc...

Las madres siguen siendo las cuidadoras

En lo que respecta a las diferencias entre sexos, se comprueba que hay una tendencia, por parte de los hombres, a percibir la situación de forma más positiva que las mujeres, si bien, se ha comprobado que son más las madres las que se dedican al cuidado de los hijos y las que más tiempo invierten.
Ambos, tanto padres como madres, encuentran dificultades para tener tiempo para desarrollar sus labores como progenitores, y creen esta situación puede generar trastornos y problemas tales como:
-Inestabilidad de la pareja, al no poder atender de forma adecuada las demandas.
-Fracaso escolar, por la falta de un acompañamiento adecuado.
-Defectuosa o mala alimentación, lo puede llevar a la obesidad, etc.
-Deficiencia en la transmisión de valores, principios y hábitos de los padres.
-Baja natalidad.
-Bajo rendimiento laboral.

Reparto de tareas en el hogar

Se les preguntó quién se ocupa de atender las necesidades de los hijos. El 82,9% de los hombres contestó que «ambos», frente al 69,1% de las mujeres. Queda manifiesto que ellas no piensan lo mismo que ellos...
Por otra parte, cuando solo es un miembro de la pareja quien se ocupa de atender las necesidades de los hijos, son las mujeres las que nuevamente aparecen desempeñando este papel, alcanzando el 27,2 % de las respuestas, frente al 5,56 % de los hombres. Destacar que de estas mujeres que se declaran únicas cuidadoras, el 86,8 % de ellas trabaja.
Si hablamos de la valoración que hacen los miembros de la pareja del reparto de las tareas, el papel desarrollado por los hombres se sigue poniendo en evidencia. Es mayor el porcentaje de hombres que considera que el reparto es muy o bastante equilibrado. Sin embargo la mayoría de las mujeres opina que el reparto de los quehaceres del hogar es poco o nada equilibrado.
También se aprecia que las mujeres son las que dedican más tiempo al cuidado de sus hijos, siendo el 77,1 % las que afirman dedicar más de 2 horas al día. Los hombres se distribuyen de forma más amplia, encontrando que el 36,4 % dedica entre 1 y 2 horas, mientras que el 46,3 % invierte más de 2 horas.
Finalmente de esta encuesta se desprende que lo que impide a los padres estar con sus hijos es, en el 75,3 de los casos el trabajo, seguido de lejos con un 16,6 por las tareas domésticas.

Conclusiones del estudios

Entre las conclusiones que se desprenden de esta encuesta, destacar que existe una necesidad de dedicar más tiempo a los hijos ya que, claramente, el que se les da ahora es insuficiente. La percepción de este problema difiere entre mujeres y hombres, siendo estos últimos más optimistas, en el sentido de que sobrevaloran su aportación y perciben que la situación de necesidad de tiempo no es tan imperiosa.
Por otra parte, los progenitores son conscientes de que no dedican a sus hijos el tiempo necesario, y que los principales motivos son el trabajo y las tareas domésticas.
La imposibilidad de conciliar la vida laboral y personal, y en particular para esta encuesta, la familiar, se ve frustrada por la necesidad y voluntad de trabajar de ambos progenitores, por los horarios irracionales en cuanto a horarios de entrada y salida, largos períodos para la comida, las jornadas partidas, la falta de flexibilidad, la imposibilidad de teletrabajar, la falta de adecuación de los horarios laborales a los escolares, los largos desplazamientos al lugar de trabajo, entre otras.

lunes, 22 de mayo de 2017

Qué hacer cuando un niño ingiere un cuerpo extraño

Desde monedas a imperdibles pasando por productos de limpieza





Los niños pequeños pasan por una fase, entre los 8 meses y los cuatro años, en la que se lo llevan todo a la boca. Esto puede ser muy peligroso porque determinados objetos muy pequeños o corrosivos pueden ser ingeridos y provocar un problema. En cualquier caso, un 80% de las cosas ingeridas son eliminadas espontáneamente por las heces. A pesar de ello, hasta en el 60% de las ocasiones, los padres no detectan su eliminación.
El doctor Valentín Alzina de Aguilar, director del Departamento de Pediatría de la Clínica Universitaria de Navarra, apunta que «lo primero que hay que hacer es intentar evitar que lleguen a meterse algo en la boca. Con los niños muy pequeños hay que tener cien ojos», pero aclara que «una vez ingerido el cuerpo extraño hay varias maneras de proceder».
«En el caso de que sea un lactante y esté tosiendo, lo primero que hay que hacer es mirarle la boca a ver si se ve el objeto. En caso afirmativo se puede intentar tirar de él con los dedos. En caso de que no se vea, hay que dejarle toser y por supuesto, no asustarle». «Cuando el menor esté ya muy cansado, o si vemos que empieza a cambiar de color y a tener problemas para respirar, los mejor es ponerlo sobre nuestras piernas y darle cinco golpes secos entre las escápulas. A continuación se le da la vuelta, y si sigue sin ser visible el cuerpo extraño, se le debe dar masaje cardíaco. Hay que continuar con esta rutina hasta que se vea el objeto o hasta que llegue el profesional sanitario».
Cuando el niño tiene más de un año, Alzina explica que «se le pueden dar golpes secos en la espalda e incluso practicarle la maniobra de Heimlich con mucho cuidado para no dañar las costillas ni el esternón». Este pediatra recalca de que en caso de que ya no respire «hay que hacer un masaje cardiopulmonar: se presiona 15 veces en la zona por encima de las costillas y se insufla aire en dos tandas hasta que llegue la ayuda médica».

¿Y cuando ya se lo ha tragado?

En el supuesto de que el pequeño ya haya ingerido un cuerpo tal como una moneda, un alfiler, un clavo o un imperdible, el doctor aclara que el tratamiento depende del tamaño del niño. En casos muy graves se puede recurrir a la gastroscopia: «Cuando el menor tiene dificultad en deglutir la saliva debe practicarse la intervención de urgencia para evitar la aspiración y obstrucción respiratoria». Y especifica que «la extracción mediante endoscopio se realiza en alrededor del 19% de los casos, siendo necesaria la extracción quirúrgica solamente en el 1% de los mismos».
En niños mayores, objetos de menos de 2 cm de anchura y hasta 5 cm de longitud pasan el píloro sin problemas. En niños pequeños y lactantes, el límite de la longitud es de 3 cm. Es recomendable extraer aquellos de tamaño superior al referido, así como los punzantes o cortantes.
En el caso de que el pequeño se haya tragado algo, pero creamos que no reviste peligro «se le pueden dar de comer alimentos con residuos (espárragos, alcachofa, cereales...) que arrastren y envuelvan el cuerpo extraño hasta que lo pueda defecar», apunta el experto.
Cuando lo que ha hecho el bebé es beber un líquido corrosivo, «nunca hay que hacerle vomitar, pues el peligro es la quemadura y si devuelve, pasa dos veces por la garganta», refiere este pediatra, que aclara que «en estos casos hay que darles de beber algo que diluya en lo posible el material cáustico».

Fuente: ABC http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-hacer-cuando-nino-ingiere-cuerpo-extrano-201705121743_noticia.html

viernes, 5 de mayo de 2017

Detectar en el aula trastornos de alimentación, una tarea difícil pero no imposible

La implicación de los profesores en el colegio, fundamental a la hora de identificar en clase a alumnos adolescentes con conductas de riesgo





En una sociedad en la que las dietas y la preocupación por el peso y la imagen corporal son la norma y no la excepción, ¿puede un profesor identificar y prevenir los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TAC) en su clase? Según Beatriz Corbí, doctora en Psicología y profesora del Centro Universitario Villanueva, es difícil, pero no imposible. «De hecho, en muchas ocasiones son los propios educadores los que identifican situaciones de riesgo, incluso antes de que lo hagan en la familia de origen», advierte. «Hay un dato que muchas veces no se tiene en cuenta –prosigue– y es que el principal grupo de riesgo, es decir, los adolescentes, pasan la mayor parte de su tiempo en el colegio. Por eso es importante que nos preguntemos cuál debe ser el papel del profesor en estos casos. A mi juicio, la prevención desde las aulas, y el conocimiento de las consecuencias que los TCA tienen en el aprendizaje son aspectos de interés para el colegio», añade esta experta.

Rasgos que presentan

Corbí recuerda que las víctimas que más habitualmente sufren los TCA responden generalmente a estudiantes «con un perfil perfeccionista, rasgos de hiperresponsabilidad, necesidad de aprobación, baja autoestima y falta de respuesta a necesidades internas». Pero lo que en un principio puede traducirse en buenas calificaciones, prosigue, puede acabar resultando en todo lo contrario. ¿Cómo afecta, entonces, el TCAal desarrollo de los estudios? «Esto es algo fundamental a la hora de identificar el problema por parte del docente». Porque tal y como apunta Cristina Banzo, doctora en Psiquiatría y miembro de la Unidad de Hospitalización Breve del Hospital Infanta Leonor, «la desnutrición que suele aparecer en las personas que padecen trastornos de la conducta alimentaria, se ha relacionado con la merma en los rendimientos académicos en la etapa adolescente, ya que interfiere en el desarrollo de la plasticidad neuronal que sucede en este periodo».
Además, continua Banzo, «es interesante tener en cuenta que las personas que sufren trastornos alimentarios suelen presentar dificultades en su regulación emocional, manifestando ansiedad y síntomas depresivos algo que, a la larga, va a terminar por influir negativamente en determinados procesos cognitivos (atención o memoria de trabajo)».

Cómo transmitirlo en casa

¿Cómo transmitirlo a la familia si el problema se ha identificado en el aula? Para esta doctora en Psicología y profesora del Centro Universitario Villanueva, a pesar de lo mucho que se habla sobre la anorexia y la bulimia nerviosa, resultan muchas veces situaciones complejas de identificar. Así pues, en primer lugar, los profesores deben ser muy cautos al transmitir este tipo de informaciones a los familiares de sus alumnos.
Ambas profesionales apuntan una posible forma de acercarse a la problemática: recopilar información de los progenitores, citando a la madre y al padre, ya que en ocasiones aportan visiones diferentes o complementarias. Además, es una manera de poder unificar la información que reciben por parte del equipo educativo. En numerosas ocasiones, los mismos padres habrán identificado situaciones de alerta (por ejemplo, las continuas negativas a comer determinados alimentos, aislamiento del resto de la familia, cambios de ánimo o comportamientos no habituales) y sólo el hecho de reunirse con ellos con una motivación diferente a la meramente académica conseguirá una respuesta de apoyo y cuidado en la familia del menor.
En otras ocasiones, añade esta psicóloga, «debido a la angustia que supone el intuir la posible problemática en los hijos, se ponen en marcha mecanismos psicológicos de los propios padres, entre los que se encuentran minimizar o negar la problemática». La madre de Beatriz Esteban (en la imágen), autora de «Seré frágil» (un libro donde esta joven relata el calvario de su enfermedad), lo explica con los ojos humedecidos: «En la mente racional de unos padres no entra que tu hija llore por un plato de sopa». Pero es que, confiesa, «hay muchas conductas que a los padres nos pasan desapercibidas».
El relato de esta mujer no es atípico. Son demasiados los hogares donde se dejan «pasar los meses hasta que tienen conciencia de lo que tienen que mirar». Así le ocurrió también a Carmen Galindo, presidenta de la Federación Española de Asociaciones de Ayuda y Lucha contra la Anorexia y la Bulimia (FEACAB), quien reconoce que tuvo que pasar mucho tiempo hasta que pudo asumir lo que ocurría en su propia casa:«Fue como si nos metieran a todos los miembros de la familia en una coctelera y la agitaran», recuerda.

La familia como coterapeuta

También es muy común que las familias, apunta Galindo, se culpabilicen de lo sucedido: «La pregunta que siempre está ahí en las primeras reuniones es¿qué hemos hecho mal? Pero los padres afectados deben saber que son personas bien intencionadas pero no perfectas. Asumir esto cuesta pero ese es precisamente el papel de asociaciones como la nuestra». «Y saber también que no hay desencadenante», indica e psiquiatra Vicente Turón, de la Fundación Instituto de Trastornos Alimentarios (FITA).
Al principio, relata Galindo, no sabían dónde acudir. «Fuimos al pediatra, de ahí al endocrino, luego al psicólogo... hasta que por fin acabamos en el psiquiatra. Sobrellevar esto es complicado». A veces incluso los profesionales médicos, apunta Turón, «no advierten que los análisis dan bien pero la niña tiene un índice corporal bajísimo».
Por fortuna, concluye Turón, el pronóstico ha mejorado mucho a lo largo de los años en parte, reconoce, por la implicación de las familias. «Es verdad que estas pagan muchos costes, tanto directos como indirectos, pero sabemos que esta “inversión” es un factor de buen pronóstico en la curación de los enfermos. Lo ideal es que, junto a los médicos, todos en la familia, ya sean hermanos, maridos, abuelos, primos y por qué no, profesores y hasta compañeros de clase, vayamos a una».


lunes, 24 de abril de 2017

«Fijar una edad para aprender a leer es frustrar a niños»


Amalia Gordóvil, psicoterapeuta infantil, aboga por respetar la velocidad de los niños


Fijar una edad para aprender a leer es frustrar a los niños porque hay que esperar a la maduración cerebral de los menores, según la psicoterapeuta infantil y profesora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Amalia Gordóvil.
Con motivo de la celebración el próximo 23 de abril del Día Internacional del Libro, Gordóvil ha explicado que en la enseñanza formal de la lectura hay dos posicionamientos diferenciados, el de los partidarios de aprender a leer a partir de los tres años y el de los defensores que se haga a partir de los seis.
Para Gordóvil, lo más adecuado es encontrar el punto de equilibrio entre ambos: «Hay que estimular la curiosidad de los niños al principio con actividades relacionadas con la lectura, como que el maestro o los padres les lean cuentos, hablar sobre algún texto conjuntamente..., y, a partir de ahí, ir introduciendo aprendizajes más complejos, valorando en todo momento el desarrollo individual de cada niño».

Según la experta, «el aprendizaje de la lectura no se hace espontáneamente como ocurre en el lenguaje oral, en el que otras personas sirven de modelo y los niños actúan por imitación».
«Leer requiere una enseñanza con unas prácticas educativas concretas. Hay que cumplir unos requisitos previos vinculados a la maduración neurológica que se correlacionan positivamente con la edad. Cuanto mayor es el niño, más maduración hay», ha señalado Gordóvil. Estos requisitos son importantes dado que la lectura implica la puesta en marcha de diversos sistemas, como el motor y el sensorial, y la activación de áreas cerebrales vinculadas a las funciones de lenguaje, memoria y atención.
«Hay niños, sin embargo, que a la edad de cinco o seis años no están preparados para iniciarse en la lectura y esto no debe representar ningún problema», ha subrayado Gordóvil, que insiste en que hay que respetar su velocidad de «maduración neurobiológica».
«Establecer que todos los niños de seis años deben saber leer es contribuir a la frustración y desinterés de los que tienen un ritmo de desarrollo diferente. Hay padres y niños que llegan a la consulta del psicopedagogo estresados y alarmados porque su hijo de cinco años no lee correctamente», ha revelado la psicoterapeuta.
La experta ha alertado sobre las escuelas que buscan la excelencia entre los pequeños y lanzan mensajes prometedores garantizando que los niños acabarán la etapa de preescolar sabiendo leer perfectamente. «Esto atrae a muchos padres, pero hay que recordar que la forma natural que los niños tienen que aprender es jugando, y que ésta debe ser la prioridad en estas edades; no se debe forzar una maquinaria que todavía no está a punto», ha avisado la profesora.

viernes, 21 de abril de 2017

España es el tercer país de la UE con más pobreza infantil

En la UE, sólo Rumanía y Grecia tienen una mayor tasa de pobreza infantil

España tiene una de las tasas más altas de pobreza infantil de la UE y es el tercer país, por detrás de Rumanía y Grecia, tanto en pobreza relativa como en "anclada", que alcanza a casi el 40 % de los niños, con un aumento de nueve puntos porcentuales entre 2008 y 2014.
Así se pone de manifiesto en un informe de Unicef difundido este jueves que estudia la pobreza infantil en los países ricos y cómo han influido la crisis económica y la austeridad, del que la organización internacional informa en un comunicado.
Con el indicador de pobreza "anclada" se evalúa hasta qué punto el bienestar de una población mejora o empeora en términos reales a medio y largo plazo, ya que se fija la línea de pobreza en un año concreto (en este caso 2008) para estudiar cómo ha evolucionado el indicador.
En el caso de España, Unicef señala que la pobreza "anclada" habría alcanzado en España a casi el 40% de la población infantil, con un aumento de nueve puntos porcentuales entre 2008 y 2014.

Hogares con menos de 700€ al mes

Destaca asimismo la elevada pobreza "severa" entre los niños y el crecimiento de la inequidad, ya que aunque la pobreza infantil ha aumentado de manera notable en general, ha crecido especialmente -un 56 %- en los hogares con niños más pobres, es decir, aquellos en los que viven cuatro personas (2 adultos y 2 niños) con menos de 700 euros al mes u 8.400 euros al año.
España es además el tercer país, junto con Letonia y Chipre, en el que más ha aumentado la diferencia entre la protección social a los mayores de 65 años y la que se proporciona a los niños, porque durante la crisis se ha protegido de manera mucho más eficaz a los ancianos que a los más pequeños.
Unicef cita datos de la Contabilidad Nacional Anual de España para apuntar que la inversión en protección social en familias e infancia se redujo en 11.500 millones de euros entre 2009 y 2015.
También asegura Unicef que los hogares con niños, las familias numerosas, las monoparentales y los adolescentes han sufrido de forma especial el impacto de la pobreza.
Respecto a las políticas de respuesta a la crisis en España, la organización internacional llama la atención sobre "la poca capacidad que han tenido para atajar la pobreza infantil".
"El conjunto de las políticas de protección social está muy fragmentado, poco orientado a los niños y resulta poco equitativo", subraya Unicef en el comunicado, y argumenta que esto se debe, entre otras causas, a que está muy ligado a ayudas relacionadas con las contribuciones a la Seguridad Social y a que muchas de las ayudas familiares son en forma de desgravaciones fiscales, de las que no se benefician los hogares con menos recursos.

Más pobres en los países ricos

Para mejorar la "escasa protección social a la infancia" en España, propone poner en marcha una prestación por hijo a cargo "mucho más generosa" y que llegase a un colectivo más amplio, incluso universal, tal y como viene reclamando el Comité Español de Unicef desde el año 2014.
Según este primer estudio internacional de los efectos de la crisis en los niños, la pobreza infantil aumentó en la mayoría de países ricos entre 2008 y 2014. Constata el estudio que la crisis económica y la consecuente austeridad han golpeado de manera especialmente fuerte a los niños hasta el punto de que, entre 2008 y 2014, la pobreza infantil aumentó en dos tercios de los países europeos.
El incremento fue de más de 15 puntos porcentuales en Chipre, Islandia y Grecia, y de entre 7 y 9 puntos en Hungría, Italia, Irlanda y España. Ni un solo país europeo aumentó la media de gasto en prestaciones para las familias, e incluso dos tercios redujeron el gasto per cápita, mientras que las prestaciones a las pensiones subieron de manera generalizada entre 2010 y 2013. EFE